"Cuando se olvida el Tao, florece el deber y la moral" Tao Te Ching, verso XVIII
Dice Richard Wilhelm, en el prólogo de su famosa traducción del Tao Te Ching: "La moral es-y por lo tanto la cultura también- un síntoma de decadencia, de desvío de lo real, de la evidencia viva natural". Dice el Tao que por la moral se hacen los hombres ridículos, andan de puntillas, se rodean de toda clase de obligaciones y no son capaces de disfutar de la vida. Dice, también, que la moral es el comienzo de toda confusión y, la premeditación el principio de toda necedad; y cuanto más grande se hace la conciencia de sí, tanto más repugnantes se hacen por sus hipocresías. Levantan los brazos y gesticulan y se horrorizan ante lo que repudian en otros. Para el Tao, estas personas se convierten en basura y desperdicio. Así de tajante es.
¿Será que la moral es un instrumento más que hemos creado para controlar a otros? La moral es algo condicionado y no absoluto, escribe Wilhelm, y probablemente tenga razón. Las leyes, y la justicia, basadas en la moral de quienes la imponen e imparten, están condicionadas a un tiempo histórico, a una realidad particular, e incluso a intereses psico-emocionales de los individuos. Esto no puede aplicarse a todos, es inconcebible que aún tratemos de blandir la bandera de la moral y la verdad, basados solamente en puras especulaciones intelectuales, religiosas, emocionales y políticas.
Ciertamente, la moral me parece la norma más hipócrita e inservible de todas las normas que nos ha engolosinado crear para satisfacer nuestros orgullos y presunciones. La moral, mas bien, me parece obra del diablo.

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