POEMITA
Cuando el último zar (Tsar)
se asoleó en las islas griegas
no imaginó que yo lo sabía;
lo seguí discretamente
y lo amé desde mi escondite.
Lo olí de cerca
lo atisbé de lejos.
Me apropié de él y de su mirada.
Luego dejé que me descubriera
y no se resistió a apoderarse de mí.
Esta historia aún no acaba
y ciertas partes mías llevan su nombre.
Mi boca, por ejemplo
se llama xxx,
Tsar de todas las Russias.
Señor de toda la Gala,
penínsulas e istmos.
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