"¿A dónde iríamos a parar si todo el mundo fuera libre de cruzar a su antojo el himalaya?
¿Qué ocurriría en realidad en semejante caso? Pues esto: Un hombre introduciría en el país un vehículo de ruedas que, tarde o temprano, vendría a suplir la conducción a espaldas de hombres, sustiyendo también al yac; siguiendo las huellas del primero, otro extranjero armado con una jeringuilla de penicilina, emprendería la tarea de expulsar las enfermedades venéreas de las tiendas de los nómadas y de los palacios de los nobles. Pero el tercero y el cuarto se dedicarían a arrancar del suelo tibetano el oro y los demás minerales que encierra. Los torrentes y ríos servirían para mover turbinas sobre los altos puertos; donde ahora ondean al aire oriflamas y banderolas, se alzarían puestos de gasolina y hoteles de turismo. En fin, expulsando de sus últimos tronos terrestres a los dioses, telesquís y funiculares se lanzarían a la conquista de las montañas.¡Y precisamente contra esa invasión, el Tíbet y su gobierno están resueltos a defenderse!"
Heinrich Harrer
Siete Años en el Tíbet
Y nosotros, encantados conquistadores, abanderados del progreso y la modernización, somos los sepultureros de la propia tierra bajo nuestros pies. Qué orgullo.
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